LA LEYENDA DEL VISIR

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LA LEYENDA DEL VISIR

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Cuenta la leyenda que, durante la ocupación musulmana, un inusual joven y sabio visir, consejero de un poderoso sultán, se convirtió en un auténtico enamorado de la actualmente denominada Costa Vicentina. Siempre que podía, montaba su caballo y paseaba a lo largo de la extensa costa, salpicada de ensenadas y playas de arena sedosa, que todavía hoy enmarcan las amplias planicies doradas del Alentejo. En uno de sus largos paseos, se perdió en el inmenso encanto de las bellezas naturales de la región y se paró a las afueras de un pequeño castillo, rodeado por un amplio jardín de geranios.

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En la ventana, una joven doncella bordaba un pañuelo mientras entonaba una delicada melodía. Fue precisamente en ese instante que las miradas de ambos se cruzaron, y sus corazones se dispararon. Su vida cambiaría para siempre: nacía así un gran amor.

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En los meses siguientes, los jóvenes enamorados se encontraban en secreto, ya que la muchacha era hija de un alcaide mozárabe* y ya estaba prometida. Durante algún tiempo, Almir y Eleonor se intercambiaron juramentos de amor, cartas y flores, hasta el día en que el padre de la doncella los descubrió y se mostró inflexible ante los argumentos inocentes del amor.

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Ese mismo día fue reforzada la guardia del castillo y, como castigo, escondió a su hija en la torre más alta. Al no poder visitar a su amada, enfadado y decidido a raptarla, el joven visir, a espaldas del sultán, reunió a algunos hombres armados y planeó un ataque sorpresa, que dio origen a una batalla implacable.

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Al final de una mañana de combates intensos, el visir, victorioso, entró por el patio del castillo, montado a caballo. Convencido de que finalmente encontraría a su futura mujer, fue sorprendido por un acto de chantaje: el padre de Eleonor sostenía una espada apuntada al pecho de su hija. Conocedor de la importancia de aquel momento, en un grito desesperado, el viejo alcaide amenazó al visir con atravesar a su hija con la espada si daba un paso más. Menospreciando aquellas palabras, el visir avanzó espada en ristre y al galope, y lo inevitable sucedió. El padre de la muchacha no lo dudó y mató a su hija con la misma espada con la que, a continuación, se suicidó.

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Se cuenta que el pesar del visir lo hizo desertar de la corte de su sultán, refugiándose en uno de los lugares más bellos y escondidos del reino: Porto Covo. Allí montó una tienda y vivió solo hasta el final de sus días.
Para engañar a la angustia y a la melancolía, decidió escribir a su amada una carta al día, entregándola después al mar para que la llevase dondequiera que fuese su nueva morada.
Almir tenía todavía guardado el pañuelo que Eleonor bordaba cuando se miraron por primera vez. Un día antes de morir, lo enterró en su jardín de geranios y deseó que aquellos que se besasen en su presencia fuesen bendecidos en su relación.

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En honor a esta noble historia de amor, nació el Costa do Vizir Camping.
Un espacio inspirado en la magia de las noches árabes y en los amores prohibidos.

Durante las obras de rehabilitación encontramos un pequeño cofre deteriorado, que contenía un pañuelo bordado muy antiguo. Consta que puede ser el pañuelo que Eleonor ofreció a Almir. Un objeto que representa el más puro amor que los unió para toda la eternidad. Se dice que da suerte a las parejas que se besan en su presencia. Por esa razón, les invitamos a visitarlo en la zona de la recepción del camping.

Para celebrar el hallazgo, y precisamente en el lugar en el que el mismo fue descubierto, hemos recreado un lago de aguas tranquilas con carpas koi, libélulas y ranas.

*Los mozárabes (del árabe musta’rib, “arabizado”‎)[1] eran cristianos de la Península Ibérica que vivían bajo gobierno musulmán en Al-Andalus. Sus descendientes no se convirtieron al Islam, pero sí adoptaron elementos de la lengua y cultura árabes. Eran, principalmente, católicos romanos de rito visigótico o mozárabe.
Origen: Wikipedia, la enciclopedia libre.